martes, 6 de marzo de 2012

8 DE MARZO

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA


En muchas ocasiones hemos podido trascender al tiempo protagonizando actos desprendidos y heroicos en función de la liberación nacional y social. El poder de transformar nuestras realidades ha sido comprobado a lo largo de la historia, en hechos que datan desde la antigua Grecia con la desarmadora de ejércitos, Lisistrata; o con la firmeza de las mujeres espartanas, formando hombres guerreros para las luchas de su pueblo.
Nuestro espíritu libertario permanece encendido, y lo compartimos con nuestros hombres y compañeros. Es el mismo que expresaron las mujeres de la Revolución Francesa, las mujeres anarquistas y socialistas de fines del SXVIII, y las de principio del SXIX, en pleno auge de la Revolución Industrial. Allí comienzan las primeras huelgas de mujeres de la industria textil en EEUU, mayoritariamente inmigrantes. En una de ellas, un 8 de marzo de 1908, mueren calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York; el incendio se provoca cuando las mujeres que ocupaban la fábrica se niegan a abandonarla y son reprimidas con bombas incendiarias. Protestaban por BAJOS SALARIOS Y LAS INFAMES CONDICIONES DE TRABAJO. En aquellas huelgas, que se suceden durante varios años, y tras la amplia solidaridad internacional recibida, va tomando fuerza el compromiso de conformar un movimiento internacional por los derechos humanos de las mujeres. Es entonces que en 1910, en Copenhague, representantes del insistente trabajo militante de miles de mujeres de 17 países, entre las que se encontraban las de la Liga Espartaquista, como Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, proclaman el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Un año después, dando continuidad a la decisión tomada, reafirman el compromiso, entre otras consignas, por el derecho al voto, el de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional, a la no discriminación laboral, mejoras en las condiciones para las mujeres emigradas y por la abolición de la explotación infantil. Nuestra América Latina también fue escenario candente de las luchas emancipatorias contra el colonialismo y la opresión. Y como es de esperar, aquí también hubo cientos de mujeres heroicas de las que muchas veces la historia oficial se olvida. En las tierras de la Patria Grande ya resistían las mujeres indígenas,

la inolvidable Bartolina Sisa, nuestra General inquebrantable y decidida Juana Azurduy al frente en las batallas por la Independencia (una de ellas la libró en el Cerro Potosí un 8 de marzo de 1816). Mujeres en las que nos identificamos sin duda muchas mujeres que seguimos luchando por la liberación de nuestros pueblos del yugo foráneo.

Con toda esa historia nos adentramos al SXX, y las militantes argentinas no somos ajenas a la historia de lucha de nuestro Pueblo. Continuamos empujando el movimiento, por el que pasaron valiosísimas compañeras anarquistas, comunistas, socialistas, peronistas, y que sin duda parió y elevó popularmente al rango de Capitana a la compañera Evita. Con ella la incorporación masiva de la mujer a la política fue irreversible, y sobre todo de las más humildes. Desde el voto femenino, hasta la decisión de inundar los despachos oficiales que eran para unos pocos hombres, e ingresar pateando puertas a las burocracias sindicales machistas en las organizaciones obreras. Mujeres de todos los puntos del país irrumpimos organizándonos en defensa de las presas y presos políticos, por la aparición con vida de las y los compañeros, y contra la tortura. Miles de compañeras dieron su vida en las organizaciones políticas armadas que se enfrentaron a las reiteradas dictaduras cipayas de los grandes capitales, y son también parte del torrente que alimenta nuestras almas, viseras y músculos que nos mueven a continuar.

Hoy como ayer persisten grandes injusticias. Por un lado las que padecemos como parte del Pueblo, tales como el sometimiento a los intereses del capital extranjero y las burguesías locales; y en lo particular, la violencia laboral, familiar, el abuso sexual, la discriminación, el sometimiento, la humillación, la feminización de la pobreza, los bajos salarios, la imposibilidad de decidir sobre nuestros cuerpos, la falta de provisión efectiva de anticonceptivos gratuitos para no abortar y del aborto legal para no morir, la violencia laboral y doméstica, la trata de personas, la negación de las instituciones en aplicar las conquistas legislativas que con tanta entrega las mujeres hemos conseguido. Hay mucho por recuperar, hay mucho todavía por conquistar, pero esta claro que contra lo que no pudieron, por más aberraciones que padecimos y padecemos, y con lo que no podrán, gracias a nuestra historia y memoria, es que:

SOMOS CONCIENTES QUE PUDIMOS –
SOMOS CONCIENTES QUE PODEMOS- ESTAMOS DECIDIDAS A REALIZARLO:

POR LA SEGUNDA Y DEFINITIVA INDEPENDENCIA
POR LA LIBERERACION DE LA NACION
Y CON ELLA la de NUESTRAS VIDAS



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